. Al igual que en muchas escenas de Umineko, esta historia está pensada como un acertijo, donde el lector tiene que averiguar qué fue lo que realmente ocurrió.
Durante la caza de brujas que sucedió después de que un pescador encontrara el escrito de Maria Ushiromiya dentro de una botella, muchos han sido los que han afirmado poseer otra versión de los hechos. Al parecer, este relato fue encontrado por uno de los muchos intrusos curiosos, que entran a escondidas a Rokenjima en busca de algún resto valioso que todavía quedara. En el bosque, encontró un libro medio roto, "Cumbres borrascosas". Según afirma esa persona, entre las páginas de ese libro se encontró un par de hojas de cuaderno. En esas dos hojas, Jessica Ushiromiya explica algo totalmente diferente a lo narrado en el mensaje de Maria. Esta es esa historia...
EL ASESINATO PREMATURO
Mi nombre es Jessica Ushiromiya. Vivo en esta mansión, en Rokenjima, desde que recuerdo, hasta el terrible suceso del día de hoy. Ya esta mañana ha sido muy tensa. No solo porque fuera el día de la reunión familiar. Estoy segura de que todos nos ponemos más nerviosos en los días importantes. Era algo más grave.
Estaba yo dando vueltas por la mansión, sin saber exactamente qué hacer, matando el tiempo. Al pasar por delante de la habitación de mi madre, Natsuhi, escuché que ella estaba llorando. Mi primera intención fue la de entrar a preguntar qué le ocurría. Pero entonces oí la voz de mi padre, Krauss, que estaba dentro de la habitación. Entendí claramente como decía: "No llores Natsuhi. No se quien será ese chantajista, pero no debes temer que diga nada. Ahora que me lo has contado ya no debe preocuparte lo que pueda decir".
¿Un chantajista? Me quedé totalmente estupefacta. No podía entender con qué podría alguien chantajear a mi madre. Debo decir que, aunque es una persona tremendamente estricta conmigo, o precisamente por eso, siempre la he visto como una persona recta. No se me ocurre ninguna razón por la cual pudieran chantajearla. Por mi mente pasó fugazmente la idea de una aventura, que mi madre hubiera sido infiel. Pero lo rechacé, ya que mi madre apenas salía de la isla. Cuando alguna rara vez iba de viaje, siempre lo hacía con mi padre. Y, simplificando las cosas, sería imposible para ella cometer una indecencia así.
Avancé unos metros por el pasillo, y entonces salieron de la habitación. Mi madre había conseguido componerse muy bien. Nadie habría pensado que hace unos minutos estaba llorando. Curiosamente, a mi padre lo vi mucho más afectado. Sus ojos parecían como atormentados.
- Señor Krauss, los invitados han llegado ya al puerto - Dijo nuestro mayordomo, Genji, que había aparecido al final del pasillo.
Me alegré mucho. Tenía muchas ganas de ver a Battler. Ese cabezota, testarudo, del cual no sabía nada des hacía 6 años.
En el puerto, desembarcaron todos: Mis primos Battler, George y la pequeña Maria. Y mis tíos, Rosa, Eva y Hideyoshi, y Kyrie y Rudolf. Mis padres iban acompañados de Genji. Volvimos por el camino a la mansión. Mientras, vimos a Kanon, uno de los sirvientes de mi misma edad que vive siempre en la isla. Al parecer, el barco había llegado más pronto de lo previsto, y todavía estaban preparando las habitaciones de la Casa de Huéspedes, situada a parte de la mansión principal, detrás de un jardín de rosas bastante bonito, lo reconozco. Kanon se encontró con Shannon, la otra sirviente también de mi edad. Intercambiaron unas palabras, y los dos se fueron en dirección a la Casa de huéspedes. Más adelante, el doctor Nanjo estaba dando un paseo y se nos unió. Los otros dos sirvientes, Kumasawa y Gohda, nos esperaban en la puerta de la mansión. No se por qué motivo, nos detuvimos un buen rato en la puerta, con Kumasawa explicando sus chistes de pescados. Sin embargo, a mi madre comenzó a dolerle la cabeza. Así que fue la primera en entrar en la casa. Eran las diez en punto. Fue la última vez que la vi viva. Desearía poder haberle dicho algo más. No se. Algo. Pero dejémoslo. Ya he gastado todas las lágrimas que tenía. El objetivo de este manuscrito es que alguien pueda descubrir la verdad, porque yo soy incapaz en estos momentos.
Continuando con lo ocurrido, un cuarto de hora más tarde entramos todos en el vestíbulo, porque el tifón se acercaba, y el viento ya soplaba muy fuerte. Krauss subió por las escaleras, y volvió al cabo de otro cuarto de hora, hacia las diez y media. Lo que a continuación ocurrió, es algo que me avergüenza totalmente. Mi padre, afirmó que mi abuelo no quería bajar de su habitación, que no tenía ninguna intención de hablar con sus avariciosos hijos. Entonces se montó un buen espectáculo. Las acusaciones volaban de un lado a otro. "¿¡Por qué no podemos hablar con Padre!?" gritó Eva. "¡¡Habéis perdido su confianza hace mucho tiempo!!" respondió Krauss, gritando aún más. Nada más comenzar la discusión, Kumasawa y Gohda se escaparon por el pasillo para preparar ya la comida, y Genji fue a ver como estaban las habitaciones de la Casa de huéspedes, donde debían seguir Kanon y Shannon.
Una hora más tarde, la discusión seguía igual. Eran las 11:30. Nuestros padres y tíos, Krauss, Eva, Hideyoshi, Rudolf, Kyrie y Rosa discutían acaloradamente. Battler, Maria, George, Nanjo y yo mirábamos estupefactos, sin saber qué hacer. En esos momentos, volvió Genji por la puerta principal. Genji subió las escaleras. Unos cinco minutos, y Genji bajó las escaleras y se dirigió a decirle algo a mi padre en voz baja. Mi padre puso cara de recordar algo, y entró en una puerta que teníamos justo a nuestra espaldas. Cerró la puerta detrás de él, y cuando la volvió a abrir, diez minutos más tarde, ya no era la misma persona.
*****
Lo que narraré a continuación, es exactamente lo que ocurrió. No voy a saltarme nada. Intentaré ser lo más precisa posible, con la esperanza de que quien lea esto pueda entender lo que yo no entiendo. Mi padre salió por la puerta. Tenía la cara blanca y los ojos llorosos. Se tambaleaba. Solo repetía "doctor..., doctor...". Nanjo rápidamente entró en la habitación, y nosotros lo seguimos. Tengo la imagen grabada a fuego en mis ojos. Mi madre, yacía en la cama, con la frente totalmente hundida. Tenía los ojos abiertos, con una expresión de sorpresa. El doctor Nanjo confirmó que estaba muerta. Dijo que por el grado de rigidez, y por lo fría que se encontraba ya, debía hacer más de una hora que murió. Que la mataron, porque era evidente que la habían matado. Yo cogí su mano, sin entender qué estaba pasando, y la tenía totalmente helada, sin vida.
Voy a describir ahora, como era la habitación. Era una habitación de huéspedes estrecha, muy poco usada por ese motivo. La puerta daba al recibidor directamente, y el otro extremo daba a una esquina del patio. En mitad de la habitación, lejos de la ventana, estaba la cama donde encontramos a mi madre. Al lado de la cama, había un santuario, totalmente destrozado, incluido un pequeño espejo que ahora estaba roto. Como si alguien se hubiera entretenido en machacar y esparcir todas sus piezas. Cuando lo vi, recordé que mi madre estaba haciendo uno para sustituir el santuario de la isla, el cual había sido fulminado por un rayo. Seguramente a mi madre le gustaba esconderse en un lugar donde no podía ser encontrada para olvidarse de todo por unos minutos. No había ningún otro mueble. Al lado de la puerta, había un pequeño cuarto de aseo. Vimos que una toalla manchada de sangre estaba tirada en la ducha. Era como si el asesino se hubiera entretenido en lavarse las manos ahí mismo. Tía Eva comprobó que las ventanas estaban cerradas por dentro. Y no solo eso, una sólida reja impedía el acceso desde el patio. La reja era una retícula, de un diseño bello y enigmático a la vez, que debía servir para dejar fuera a los espiritus. Uno podía asomar la cabeza para mirar, o podía sacar un brazo, pero resultaba imposible pasar a través. Incluso Maria no podría pasar los hombros.
Salimos de la habitación justo cuando volvían Kanon y Shannon. Cuando vi a Kanon aparecer por la puerta, me puse a llorar. No recuerdo mucho lo que pasó después. Lloré. Lloré mucho. Hasta que conseguí calmarme. Nos reunimos todos, menos mi abuelo, en la sala de estar. Empezábamos a darnos cuenta de la gravedad de la situación. ¡Había un asesino en la isla! ¡Eso era un asesinato!. Pero Battler se dio cuenta de algo todavía más bizarro. A la hora de la muerte, todos estábamos reunidos justo al otro lado de la puerta. Y por la ventana no se podía entrar. Era imposible que alguien hubiera entrado en la habitación. Era también imposible que alguien se hubiera escondido en la habitación, pues no había ningún sitio para hacerlo. Además, la brutalidad del golpe, indicaba que el autor debía poseer una fuerza titánica, y un arma muy contundente y grande, algo así como un bate de baseball. No encontramos el arma homicida por ningún lado. Parecía, simplemente, un crimen imposible.
En esos momentos Maria comenzó a reir, de una forma casi sobrenatural:
- ¡Kihihihihihi! ¡Yo sé quien ha sido!
- ¿Quien ha sido? - Preguntó Hideyoshi con voz de sorpresa.
- ¡Ha sido Rodaimos! ¡El gran brujo Rodaimos! ¡Hahahahaha! - Respondió Maria. Luego siguió, sin que ninguno de nosotros se atreviera a detenerla - El gran brujo Rodaimos, tiene que haber sido él. Beatrice, la Bruja Dorada, es débil ante los espejos, y ese santuario le hacía mucho daño. Por eso usó toda su magia para invocar a Rodaimos dentro de la habitación de Natsuhi. !A Rodaimos no le detiene ningún amuleto! Alzó su maza, y con su fuerza sobrehumana mató a Natsuhi y destrozó el santuario. Ahora nadie podrá detener a Beatrice, ¡Kihihihihi!
- ¡Deja de hablar de brujas MARIA! - Chilló Rosa con cara de espanto.
Pero entonces ya era tarde. Creo que todos nos contagiamos de esa idea. No. En realidad era una idea atractiva. Sí. Eso tuvo que ser obra de un demonio. Es mejor creer eso, menos duro. Solo Battler se levantó, diciendo que eso era absurdo, que el asesino debía ser un intruso, una persona normal y corriente. Pero ¿Quien pudo cometer un asesinato así? ¿Cómo pudo entrar en la habitación?
Ahora estamos todos juntos, resguardados en la sala de estar. Afuera, está comenzando a llover, y los truenos nos sobresaltan una y otra vez. Mi padre y mis tíos vuelven a discutir, y el resto no sabe qué hacer realmente. Yo he escrito esto, casi a modo de terapia. Lo voy a guardar conmigo, y lo esconderé en cuanto encuentre la ocasión. Si ocurre lo peor, espero que alguien pueda explicar lo ocurrido, porque yo no puedo. Rodaimos, el gran brujo. Seguro que ahora se encuentra en otro plano, riéndose, mofándose de nuestra ingenuidad, esperando a que alguien intente buscar una explicación, a estos hechos que desafían a la razón.